Nadie nace sabiendo ser padre o madre, pero qué importante es querer aprender

Los buenos tratos en la infancia son un pilar fundamental para el equilibrio y la salud mental de en las siguientes etapas de la vida.

Jorge Barudy descompone las competencias parentelas en capacidades fundamentales como el apego y la empatía, habilidades parentelas como son los modelos de crianza y la plasticidad parental que se refiere a nuestra respuesta antes las necesidades particulares de nuestros hijos y nuestra capacidad de adaptarnos para acompañarles en su crecimiento y desarrollo.

La llegada a nuestras vidas de un hijo o hija puede ser un acontecimiento estresante pero debemos recordar que cada conducta o emoción que expresemos sobre ellos formará parte de una estructura de aprendizaje que estos interiorizarán para siempre.

Nuestra propia infancia, nuestros miedos, traumas o hechos relevantes influyen en cómo nos relacionamos con nuestros hijos. También los elementos contextuales que rodean al adulto: trabajo, relaciones, etc. Somos la principal fuente de socialización de nuestros hijos en sus primeras etapas, por eso es tan importante prestar atención a estas conductas.

Por eso es importante conocer las pautas de relación, aprendizaje y comunicación con nuestros hijos que les asegure un bienestar psicológico adecuado y un desarrollo equilibrado hacia la etapa adulta.

Según el Modelo integral del desarrollo afectivo – cognitivo – conductual de Kusche & Greenberg, 1989, el papel de las reacciones de los padres y madres en las manifestaciones emocionales de nuestros hijos e hijas modelan y generan un patrón afectivo dependiendo de si son reacciones constructivas o destructivas.

Por tanto, en cuanto al manejo de las emociones, es importante a la hora de relacionarnos con nuestros hijos:

– Ser continente del afecto y conducta del niño/a

– Ser tolerante para las emociones negativas del niño/a

– Ofrecer control externo: ser muy claro en las expectativas y

consistente en los límites

– Ofrecer una semántica rica para comunicar estados afectivos (uso

de tarjetas, caras, palabras)

– Reflejar la conducta del niño a través del lenguaje

– Metacomunicar los afectos, sus percepciones, sus necesidades y

deseos (etiquetar emociones y ayudar a desarrollar autoconciencia)

Como hemos señalado en este artículo, nuestro propósito en consulta es promover y apoyar la parentalidad positiva, ofrecer a los hijos e hijas oportunidades de reparación terapeútica, ofrecer pautas para el apoyo y/o rehabilitación de las competencias parentales y promover la resiliencia familiar.

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