Las terapias contextuales y su efectividad en consulta

El modelo contextual de psicología da la mayor relevancia a las circunstancias que rodean a la persona: familia, educación… (Marino Pérez Álvarez, 2019).

Este enfoque no se centra en la reducción de síntomas, sino que se centra en reorientar la vida de la persona hacia unos valores para que se ponga en funcionamiento. Entendiendo los valores personales como la dirección en la vida de la persona, lo que le mueve.

Ejemplos de terapias contextuales son:

–  la psicoterapia analítica funcional (FAP, Kohlenberg y Tsai, 1991) que demuestra su eficacia en paliar problemas emocionales y de intimidad en personas que han sufrido traumas.

– la terapia de aceptación y compromiso (Hayes, Stroshal y Wilson, 1999) que se basa en el tratamiento del malestar psicológico centrándose en el contexto en el ocurre ese malestar, potenciando la exposición a éste y trabajando la evitación, que estaría detrás de esas experiencias negativas.

– la terapia de aceptación conducta (Martell, Addis y Jacobson, 2001) basa en las teorías de Skinner y empleada con herramienta en el tratamiento de la depresión.

Actualmente, la tercera generación de tratamientos psicológicos en los que se engloban las terapias contextuales, exponen que las reglas que se ofrecen «inocentemente» por doquier son fórmulas para vivir que nos dicen: «la angustia, los recuerdos penosos, la tristeza, la baja autoestima, las sensaciones desagradables, el dolor, etcétera… Son barreras para vivir». Lo que aconsejan esas fórmulas es «evita tanto como puedas toda esa miseria y suprímela en cuanto aparezca, para que puedas hacer lo que te importa en la vida…» (Marino Pérez Álvarez, 2004).

Lo cierto es que, según Carmen Luciano expone en una entrevista para la revista Infocop en 2015, si una persona entra en esa espiral, es fácil que llegue a tener un funcionamiento rígido que se circunscribe a evitar experiencias privadas que valora negativamente, de modo que se aleje cada vez más de las acciones en la dirección valiosa. Cuando este patrón rígido, inflexible con sus propios eventos privados, se generaliza y cronifica el resultado es una vida muy limitada para la persona que sufre, cada vez más, por rechazar el malestar, el sufrimiento «normal» (en tanto que derivado inevitablemente) que, a veces, acompaña al ser humano. Cuando esto ocurre hablamos de un patrón destructivo de evitación experiencial (o trastorno de evitación experiencial, TEE).

Aceptación no es resignación. Es un acto de cambio radical, es una tomar una postura activa abandonando la lucha contra esos pensamientos negativos y ponerse en funcionamiento.

Hablamos de activación para referirnos a la situación de la persona de cara a la vida, actuando en dirección a cosas valiosas.

Y definimos los valores como la dirección, el horizonte o el propósito que da sentido a la vida de la persona, una regla de vida para esa persona. Se diferencia de los objetivos en que éstos son cosas más concretas que los valores, aunque estén relacionados.

Podemos concluir que las terapias contextuales miden su eficacia más por los logros personales en la dirección de los valores en las diferentes áreas de la vida que por la mera reducción de síntomas de una lista.

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